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160 años de las Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor
160 Aniversario Un poema de vida apostólica y misionera

La Congregación de Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor celebrará, el próximo 27 de mayo, el 160 aniversario de su fundación, que coincide con la ansiada beatificación del Fundador, prevista para el 25 de abril de 2010. Es un acontecimiento de gracia que se inserta, como perla preciosa, en el Año Sacerdotal promulgado por Su Santidad Benedicto XVI, evocando con gozo, como un poema de vida apostólica y misionera, la dedicación de tantas mujeres consagradas al servicio de la Iglesia y de los hermanos más necesitados.

El citado Instituto tiene su origen en la inspiración de un sacerdote español, el Venerable capuchino José Tous y Soler. Él, como consecuencia de la revolución de 1835, se vio obligado a abandonar el convento de Santa Madrona, de Barcelona. Fue encarcelado y a continuación sufrió el exilio, en Italia y en Francia. En este país trabajó abundantemente en la diócesis de Toulouse, hasta que en 1843 pudo regresar a Barcelona, donde se dedicó a la propagación del carisma franciscano, al culto a María, Madre del Buen Pastor, y especialmente a la formación cristiana de la juventud. Fue precisamente como fruto de este trabajo apostólico que surgió el núcleo inicial de su fundación, con las jóvenes colaboradoras Remedio Palos, Isabel Jubal y Marta Suñol, que abrieron la primera obra, una Escuela cristiana, en Ripoll, el 27 de mayo de 1850. Remedio Palos y Casanova es la primera Hermana Profesa de una larga lista de Capuchinas de la Madre del Divino Pastor, que se comprometieron a vivir según el espíritu de santa Clara de Asís, pero con la misión específica de colaborar con la Iglesia en la evangelización de la infancia y la juventud de clase humilde, por medio de la educación integral, es decir, formación cultural, social, moral y religiosa.

De acuerdo con su concepción espiritual, el P. Tous decidió consagrar la nueva Congregación y todas sus obras a Cristo, Buen Pastor, y a su Madre, María Santísima. Durante su vida fundó ocho comunidades: en Barcelona, Gerona y Madrid, con cinco escuelas, un hospital, un centro de reeducación de jóvenes y un asilo para niños abandonados. Después de la muerte del Padre Tous, el 27 de febrero del año 1871, la Congregación se extendió por España, desarrollando su actividad en Barcelona, Gerona, Vizcaya, Badajoz, Murcia, Palencia y Madrid; fuera de España, en Francia y en Italia (Roma); y a partir de 1920, en Iberoamérica, concretamente en Nicaragua, Costa Rica, Guatemala, Cuba y Colombia.

A la actividad tradicional se le han unido, progresivamente, la inserción y colaboración en la pastoral diocesana, sobre todo con la catequesis y formación de catequistas, la asistencia a jóvenes universitarios, en residencias y casas de espiritualidad, y la animación de grupos de voluntarios, especialmente en apoyo de centros misioneros. Desde hace algunos años existe también una comunidad en la Ciudad del Vaticano, caracterizada por un servicio especial a los Colaboradores del Papa, y una concreta proyección de solidaridad misionera.

La misión salvífica de la Iglesia encuentra en la vida consagrada una espléndida concreción histórica y existencial del misterio del amor de Dios, manifestado hace dos mil años en la Encarnación del Verbo y en el cumplimiento de la Redención. La vida consagrada es una epifanía del Amor de Dios, y en las diversas modalidades suscitadas en la Historia se reflejan los rasgos característicos de la vida de Cristo, “entregado a la oración en el monte, o anunciando a las gentes el Reino de Dios, curando a los enfermos y lisiados, o convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los niños y haciendo el bien a todos, siempre obediente a la voluntad del Padre que lo envió”(LG,46).

Las Hermanas Capuchinas, según el carisma del Padre Tous, se han inspirado de modo particular en el pasaje evangélico en el cual Jesús, “al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas ‘como ovejas que no tienen pastor’” (Mt 9,36). Por ello, urgidas por su impulso misionero, llevan a su paso “la paz y el bien”, como les exhortaba el Padre Tous. Es una realidad que se repite dondequiera que están presentes, como levadura dentro de la masa. Son un icono viviente de Cristo. Como afirma el Papa Juan Pablo II en su Exhortación postsinodal Vita consecrata, “dejándose guiar por el Espíritu Santo en un incesante camino de purificación, llegan a ser, día tras día personas ‘cristiformes’, prolongación en la historia de una especial presencia del Señor” (n.19). Éste es el testimonio que espera la Iglesia y es el auspicio confiado del decreto de aprobación de las constituciones renovadas (1984), deseando que las Hermanas Capuchinas, “con espíritu de honda contemplación como María, la Madre del Buen Pastor, anuncien con la vida y la palabra el Misterio de Cristo y de su Iglesia, y manteniéndose constantemente abiertas al Espíritu Santo, sean fieles a la misión específica que el Siervo de Dios padre José Tous y Soler les legó: la educación cristiana de la niñez y de la juventud”.

Cardenal Bertone
José Tous y Soler Ofm. Cap.Madre Remedio PalosPlaca en CapelladesCapilla Can Serra en Capellades, donde el P. José Tous Celebro la EucaristíaLa Madre del Divino Pastor. Capilla en el Colegio de Capellades150 Aniversadio del Colegio de CapelladesCelebración del Colegio en Villeta (Colombia)
Comunidad del Vaticano con el Santo Padre y el Cardenal BertoneGrupo de niños rodeando el busto del Padre Tous en la Casa de PallejaDibujo de alumnos de CapelladesCelebración del centenarioClase en el Colegio de Villeta (Colombia)Estudiantes del Colegio de Managua (Nicaragua)Alumnos de Cieza asistiendo a la Santa Misa
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